1.8.09

Algo en común.

Mejor me voy explicando bien
a falta de precisas conclusiones, te diré de corazón
lo que puede haber, en esta relación que se ha formado sin querer...
Sin querer te fui cediendo una y otra vez más mi tiempo,
y es que tu, y es que yo, tenemos algo en común.



Adoro los excesos, los despilfarros, lo sorpresivo, las fiestas decadentes de tres días.
El es previsor, precavido, ahorrador, responsable, casi no se desvelaba, prudente y responsable. Sabía perfectamente que era lo que quería y a donde llegar, sabía que yo era como una bala perdida, a mi me gusta bailar como loca a mitad de la calle, besuquearme en los cines, no era en lo más mínimo la novia ideal que le podía presentar a su madre.
No soy sociable ni de trato fino, soy de las que se sientan en las banquetas a fumar.
Sabía que mis actos eran inesperados, el no se imaginaba que un día tendría que correr en la madrugada por una caja de condones.
El era un buen hombre, yo era una alocada mujer.
Esa mezcla funcionó por ocho meses.
Yo era exclusivamente para él.
"Tengo una sorpresa para ti, iremos a un lugar especial..."
Me llevo a un pueblo escondido, llegamos a ese lugar apartado con cervezas y cigarros, platicamos durante horas, nos besamos mucho, me gustaba estar con él.
Le parecía simpatica y sencilla, podía hablar conmigo de lo que fuera y eso le liberaba.
Gracias a él, me volví un poco ordenada.
Nos complementebamos, pero yo sabía que un día iba a terminar...