30.8.10

En silencio...

La última vez que me acosté contigo tenía un hueco en el estomago y parecía que había un centenar de abejas zumbando en mi oído, una parte de mi, sabía que sería la última vez que compartiriamos mi cama, no me lo habías dicho, pero habia algo raro en tus ojos, en tu voz...
Respiré sobre tu cabeza y grabé en mi memoria tu aroma tan particular, hablabas en voz baja, preguntabas sobre un moretón en mi espalda, te dije que me habia lastimado con la puerta. Pasaste tus dedos sobre el moretón debía dolerme, pero en ese momento no sentí nada.
De repente ambos nos quedamos en silencio, solo se filtraba una línea de luz por la ventana, y se escuchaba la música del vecino del segundo piso, te levantaste, te vestiste, encendiste la luz para decirme que me llamarías mañana, sabías que me encabronaba que me lo dijeras, te sentaste de nuevo en la cama y besaste mi hombro. No quiero que me llames mañana, quiero que te quedes un poco más, solo unos minutos más, quisiera que sintieras esto aunque fuera un momento, me estoy muriendo por dentro y tu sólo me dices: -Te llamo mañana...
Sólo te sonreí, saliste y al cerrar la puerta, me rendí, ya no podía soportarlo el nudo de mi garganta se convirtío en un sollozo ahogado, me muero de miedo, no quiero que me dejes, ya eres parte de mi vida, no quiero que te vayas. Siempre encerré mis sentimientos en silencios y ahora que te has ido no me queda más que murmurar: Me haces falta...