-¿Se lo envuelvo para caballero?-
-No señora, es para una chica-
La tipa me veía raro mientras metía la estrella negra de peluche en una bolsota de papel rosa chillante. Y yo escribía frente a ella unas líneas en los dos libros nuevo que acababa de adquirir ( con muchos trabajos ) en una libreria bizarrona.
-Aquí tiene-
-Gracias..-
Y ahí iba yo por la Madero caminando con la enorme bolsa de regalo.
La vería en un rato más.
Días antes habiamos tenido nuestro momento dramatico cumbre, en donde yo estallé y ardiendo en celos, le había gritoneado hasta cansarme.
Iba a ser 14 de febrero.
A ella le cagaba la fecha y lo que representaba, decía que tenía muy malos recuerdos y yo la rematé ese último año.
El 13 de febrero, le pedí perdón por haberla tratado como nunca había tratado a alguien.
Pero también era verdad que la quería más de lo que había querido a alguien.
El 14, la observaba mientras dormía. Me encantaba acomodarle el cabello con las manos mientras lo hacía. Y ahí estaba en mi cama preguntandome como podía parar toda la bola de nieve, que sin duda terminaría aplastandome. Yo quería ser parte de ella como ella lo era de mi, pero en el fondo sabía que eso no ocurriría.
Por eso el 15, fui a buscar mis dos libros favoritos en el mundo, y le escribí dedicatorias con todo el cariño que sentía. Y le compré una estrella negra, por que el negro es mi color favorito y para mi era tan importante que ella merecía las estrellas.
Gracias por ese San Valentín.
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