2.7.09

Emmanuel.

Aire, en esta lenta tarde de verano,
tu recuerdo es una foto gris,
que las olas van difuminando,
que difícil dibujar tus rasgos,
mediodía después de partir.
A estas últimas fechas he tenido sueños recurrentes y atormentados sobre Emmanuel, hacía ya algún tiempo que no era así. No me gusta soñar, menos con algo que me duele tanto.
En el mármol de los amores que perduran estan grabados los pequeños detalles que te hacen único. Las evocaciones de tu ser irrepetible que recuerdo, tus ojos enormes, tristes, tu paso apresurado y siempre alerta.
Fuí afortunada.
Llegaste a mi vida de manera súbita, repentina.
Juro que no lo esperaba, estaba absorta lamiendome las heridas y deseosa de caricias y nombres de hombres que no dejaran huella.
Te apareciste con tus alas rotas, con tu furia enorme por dejar de estar muerto en vida, con tu desfile de poemas a la soledad, anhelando la compañia de tus pasados que no me pertenecen y tus futuros que dejaron de ser míos.
No eras nada, no tenía idea de lo que implicaría tu arribo, fuíste la lluvia que cambío mi vida.
Me marcaste, tal y como mis memorias en otros latidos, más que mi proceder de mujer, más que la alegría de un día con chocolates, más que mis libros y más que yo misma cuando sonrío y me creo inmensa por que existes y te conocí.
En ese mármol, el de los amores que perduran, esta grabado tu nombre, esta el aroma de tu ser irreemplazable y único. Tu don de convertir mi vida astillada, mis fragmentos en penumbras, el dolor de los alfileres en el alma, la ruina de lo que no fue, las batallas perdidas y los fracasos cotidianos, en otra escencia, la del amor benévolo y comprometido, la de tus golpes centellantes para sobrellevar con dignidad mi existencia no pedida, la de la fuerza enorme para ser tú mismo el que me rescato de los asombros de mi propio abismo.

1 comentario:

¿Es absolutamente necesario?